La travesía terapeútica

ANTES DE LA TERAPIA

Uno mismo

Con frecuencia una persona que sufre, y no sabe porqué, busca la ayuda de un profesional y se embarca en un proceso terapéutico que le ayuda a encontrar el origen de su malestar (ya que no siempre está claro y aún cuando se sospecha un motivo, éste puede estar equivocado). La persona acusará a los síntomas o circunstancias que le rodean pero lo que hay que preguntarse es: ¿Qué genera esos síntomas o porqué se mantiene bajo esas circunstancias?

Los propios pacientes suelen intuir que una parte de ellos les boicotea el camino hacia la mejora. Sospechan que hay algo suyo detrás de todo lo que les pasa, y esperan que el terapeuta lo descubra al mismo tiempo que temen enfrentarse a ello.

La alarma puede saltar a raíz de amistades que siempre acaban igual, hábitos dañinos que ellos mismos alimentan, o relaciones de pareja en las que se repiten los mismos patrones que en las anteriores. No obstante, no saben cómo abandonar esos derroteros, ya que es como si una fuerza les poseyera. El acto de acudir a la consulta supone cuestionarse a uno mismo, por ello, siempre requiere valentía y honradez.

Julia Lorena Silveira Pscicóloga Psicoanalista Segovia La Travesía Terapeútica de la persona

Amigos y familiares

Mirarnos a nosotros mismos no es algo a lo que estamos acostumbrados, pues durante toda la vida cuando relatamos nuestros problemas al entorno, familiares y amigos buscan las causas en el exterior cual detectives; será el profesor intransigente, el amigo dañino, el trabajo equivocado o ,¿cómo no?, escogiste mal a la pareja. Tras el análisis se proponen cambios y dan consejos utilizando el arsenal de lo que a ellos les ayudó en momentos difíciles. En algunos casos, las recomendaciones son escuchadas ¡y aplicadas!, y si se trataba de un problema situacional el asunto queda resuelto.

Ojalá fuera siempre así de fácil ¿verdad?. Sin embargo, lo más frecuente es encontrarnos con dos circunstancias: La primera, nuestro amigo cambia de trabajo/amigos/pareja/ciudad y al poco tiempo vuelve a tener una situación similar con otro rostro. La segunda, desatiende toda recomendación y además parece “buscar” reavivar el problema cada vez se calman las aguas.

“El hombre es el único animal capaz de ir a por la piedra para ponérsela en el camino”

Al ocurrir cualquiera de las dos, los amigos, empiezan a pensar que no quiere mejorar o que solo busca llamar la atención. Esto dilatado en el tiempo hace aparecer tensión, crispación, e incluso rechazo por parte del entorno que obviamente se va cansando.

Llegados a este punto, sino antes, es un buen momento para recomendar consultar con un profesional. En la terapia la persona podrá darse cuenta de sus dinámicas y preguntarse: ¡¿Por qué diantres iré yo a buscar la piedra si lo que más quiero es dejar de tropezar con ella?! De este modo tendrá la posibilidad de entender las causas inconscientes por las que prefiere chocarse antes que esquivar la roca.

DURANTE EL TRATAMIENTO

El paciente

Desvelar los misterios de la mente requiere un gran esfuerzo ya que no es fácil poner en tela de juicio nuestros actos y sentimientos. Los pacientes sienten cierto vértigo cuando tienen que mirar hacia dentro. Es un miedo se irá perdiendo al descubrir que las verdades duelen menos cuando se las ha visto de frente que cuando se llevan clavadas en la espalda. Aparece una mayor claridad en la conciencia, y el nudo de la angustia, de manera casi imperceptible se va deshaciendo.

La persona en terapia se cura así misma a través de la palabra y la escucha de sí mismo. El terapeuta irá junto al paciente, analizando el laberinto en el que se encuentra, pero nunca le dirá dónde está la salida, puesto que lo que ciertamente sana es recorrer el camino, no alcanzar la meta. Y ¿quién sabe?, quizás el objetivo al final no fuera una salida, sino un tesoro de significados.

Julia Lorena Silveira Pscicóloga Psicoanalista Segovia La Travesía Terapeútica El proceso del paciente
Julia Lorena Silveira Pscicóloga Psicoanalista Segovia La Travesía Terapeútica El proceso del entorno

Los acompañantes

El papel del entorno en este momento es muy importante. Aunque no entendamos cómo funciona una terapia si queremos ayudar debemos respetar los tiempos y confiar en el proceso de nuestro amigo. Es frecuente que algún amigo movido por la impaciencia diga frases como “La terapia no te está haciendo nada” o “Ya deberías estar bien”. Esto genera ansiedad, impotencia, culpabilidad por no avanzar “como debería”, y enfado con la terapia, es decir interfiere con el progreso. En algunos casos la persona llega a abandonar el tratamiento y tirar la toalla por la presión.

Sabemos que no es fácil ver a un ser querido pasándolo mal y que queremos soluciones rápidas, pero en cuestiones del psiquismo la cosa no es tan sencilla. Salir de los atolladeros de la mente requiere un gran esfuerzo y no ocurre de la noche a la mañana.

Entonces ¿Cómo puedo ayudar? Aunque nos cueste, vale más escuchar, ser pacientes y acompañar que dar soluciones y consejos. Nuestro primer impulso siempre es el de erradicar la angustia de aquellos que nos rodean, pero a veces es necesaria para crecer. No suele tener efecto tratar de cambiar los actos o pensamientos del otro cuando se trata de una situación en la que lleva tiempo enredado.

Podemos recomendarle un buen terapeuta si lo conocemos, y en caso de que ya esté en un proceso psicológico apoyarle con su decisión y alentarle para que no se impaciente, pero sobre todo no presionarle, puesto que nadie se cura porque otros lo deseen con todas sus fuerzas.

“El terapeuta estudia para conocer el riego, el abono y la luz que ese paciente requiere, pero el tiempo se escapa de su dominio y la flor ha de brotar por sí sola cuando esté preparada. Si nos impacientamos y regamos excesivamente por prisa, podemos ahogar la planta.”

Para la pregunta que os puede estar surgiendo ¿y cómo encuentro un buen profesional? ¿Y si consideras que el profesional que tu amigo ha escogido no es el adecuado? Lo comentaremos en otra entrada.